Vida entre el COVID-19 y la revolución.

 

Queridas Magdalenas!

Les escribo una carta desde Brest, Bielorrusia. Quiero compartir mis sentimientos de vida entre el COVID-19 y la revolución.

Este año comenzó con la pandemia que cambió nuestras vidas. Nos encontramos separadas las unas de las otras. Los gobiernos cerraron las fronteras. Mucha gente se enfermó, algunos murieron. Muchos se empobrecieron y perdieron sus negocios. Existe una situación específica en Bielorrusia: Lukashenko no reconoció la existencia del COVID-19. No tuvimos cuarentenas, la gente hizo frente a la situación lo mejor que pudo, reunió dinero para los médicos y para el sistema médico. Durante este período, los bielorrusos mostraron milagros de solidaridad y autoorganización, lo que sin duda nos ayudó, a partir de agosto. Hoy Bielorrusia está prácticamente aislada del mundo, casi todos los países nos han cerrado sus fronteras. En estas circunstancias, empezó la revolución en Bielorrusia.

Aksana Haiko, Belarus protests, 2020

El 9 de agosto se llevaron a cabo elecciones presidenciales en nuestro país, las cuales estuvieron acompañadas de numerosas violaciones. Los más fuertes candidatos presidenciales  fueron encarcelados antes de las elecciones y fueron reemplazados por mujeres, sus esposas o miembros de la sede, como Maria Kolesnikova. El error de Lukashenko estuvo en su sexismo, en el hecho de que no creyó que en Bielorrusia una mujer pudiese ganar las elecciones presidenciales. Permitió que Svetlana Tikhanovskaya se convirtiera en candidata y calculó mal. Este fue el comienzo de nuestra "revolución de mujeres".

Durante 26 años, Lukashenko  destruyó la oposición, cualquier oponente fuerte era encarcelado u obligado a abandonar el país. En los últimos años, cualquier protesta, era reprimida sin piedad. Una reunión de más de tres personas en la calle puede interpretarse como una reunión no autorizada y, de acuerdo con la ley, la policía puede llevarte. El arte y el periodismo están siendo censurados. Mi teatro fue censurado y no pudo actuar en Bielorrusia durante varios años. Los bielorrusos se acostumbraron a vivir con miedo, por lo que lo que está sucediendo hoy parece mucho más sorprendente. Lukashenko ha estado en el poder durante 26 años y mantiene su poder con todas sus fuerzas. Los resultados de las elecciones fueron manipulados otra vez. La gente, descontenta con el engaño, salió a las calles el 9 de agosto y no las ha dejado por más de 50 días.

La primera semana de protestas dio a luz a las primeras víctimas, pero también euforia. Nos parecía que habíamos ganado. La gente estaba en las calles todos los días, utilizaba diferentes formas de protesta, desde las acciones de los artistas hasta miles de marchas y huelgas en las fábricas. El 12 de agosto, las mujeres salieron a las calles y se pararon por miles, con flores en cadenas, a lo largo de las carreteras. Salían y se paraban todos los días y las autoridades no sabían qué hacer con ellas.

Pero después de algunos días,  las autoridades “despertaron” y empezaron a reprimir brutalmente cualquier tipo de protesta. Las calles durante las protestas de los domingos se llenan de máquinas militares, avtozaks, "cárceles sobre ruedas", cañones de agua, autobuses con vidrios polarizados, en donde llegan los OMON (un destacamento especial de policía). Las personas fueron golpeadas y torturadas en las cárceles. Hay muchos casos de abuso sexual. Varias personas murieron. No se abrió ni una sola investigación sobre las palizas. Hoy, los manifestantes tienen 3 peticiones: detener la violencia en las calles, castigar a los responsables y celebrar elecciones justas.

Aksana Haiko, Belarus protests, 2020

Hoy las autoridades están representadas por los OMON con pasamontañas, la policía, los militares y grupos de personas vestidas de civil que usan pasamontañas. Nadie sabe quiénes son esas personas, están sin uniforme, pueden entrar a tu casa y llevarte a la cárcel. El país está gobernado por una junta. La ley dejó de funcionar en Bielorrusia. Los tribunales toman decisiones basadas no en la ley sino en la ideología. Los militares, que se han manchado de sangre, anticipando el castigo y el tribunal, intentan reprimir la protesta. Los líderes de la protesta se vieron obligados a abandonar el país, como hizo Svetlana Tikhanovskaya, o están en prisión. Querían echar a Maria Kolesnikova del país, pero esta valiente mujer rompió su pasaporte justo en la frontera. Y al día siguiente fue a la cárcel.

Hoy muchos de nosotros estamos muy asustados. Pero todos los domingos miles de personas se reúnen en marchas. La gente muestra una solidaridad fantástica y apoya a los presos políticos, las huelgas de trabajadores, etc. Durante un mes y medio, los bielorrusos han hecho el camino de convertirse en una nación, que fue suspendida por la Unión Soviética y el régimen de Lukashenko. ¡Y hoy los bielorrusos son fantásticos y están haciendo cosas increíbles!

Aksana Haiko, Belarus protests, 2020

Muchos de mis amigos están ahora en prisión o fuera de allí. Algunas personas abandonaron el país. Alguien se rindió, alguien fue golpeado y ahora tienen miedo de salir. Algunos temen por sus hijos. La mayoría de los manifestantes están exhaustos, algunos están deprimidos, pero la gente no se rinde.

Yo trabajo como directora en KX Space, que es a la vez un teatro, una galería de arte contemporáneo y un lugar para eventos culturales y educativos. Hemos logrado adaptar nuestras actividades a la pandemia. Fuimos de los primeros en estar on-line. Me las arreglé para crear un foro en línea en julio ... Hoy tenemos un desafío nuevo y más difícil. Estoy buscando formas de continuar nuestro trabajo y de ayudar a la protesta con nuestras actividades. Al mismo tiempo, tenemos que hacerlo con cuidado y mantenernos en libertad. Organizamos reuniones con psicólogos para afrontar el shock traumático. Llevamos a cabo una exposición sobre personas que perdieron la fe en el sistema. ¡Cientos de personas vinieron a visitarla! Mostramos y discutimos películas con conexiones de protestas. Cambié urgentemente mi performance feminista inconclusa; ahora incluirá fotos y poemas sobre nuestra revolución de mujeres. Estamos preparando una exposición de arte que ahora nace en las cárceles. Participamos en marchas y reuniones en el juzgado, que se han convertido en una nueva forma de integración comunitaria ... Hoy estamos aprendiendo la revolución.

Aksana Haiko, Belarus protests, 2020

Tengo una bolsa detrás de mi puerta que he preparado en caso de ir a prisión. Ya no vivo con la puerta abierta como antes, porque pueden llegar en cualquier momento. Ahora tengo un avogado. Los códigos de procedimiento administrativo y procedimiento penal están sobre mi mesa. Lucho contra el miedo, lucho contra la paranoia. No duermo bien, como la mayoría de mis compañeros. Lucho contra la claustrofobia porque las fronteras están cerradas. Tomo pastillas. Me preocupa mi hija de 16 años, quien en los primeros días de la protesta desapareció por un día en las barricadas. Mi hija fue condenada por grafiti político. Golpeo con rabia mis pies porque mis amigos ya no vienen a visitarme desde el extranjero. Sueño con ir a una residencia artística en cualquier lugar para relajarme un poco. Y todos mis amigos artistas sueñan con lo mismo. Pienso con miedo en una nueva ronda de COVID-19, porque ahora estamos todo el tiempo cerca de una gran cantidad de personas, ¡y no podemos declarar la cuarentena! Los bielorrusos de hoy usan máscaras no por COVID (casi todo el mundo lo ha olvidado, y los chats de Telegram creados para apoyar a los médicos en la situación de COVID hoy también hablan de revolución). Los bielorrusos hoy usan máscaras para ocultar sus rostros y lo hacen de los dos lados.

Estoy cansada. Quiero hacer mi trabajo y mi teatro. Quiero que liberen a los presos políticos. Quiero que nunca lo sean. Quiero elecciones justas. Quiero que reine la libertad, la igualdad y la justicia en mi país. He trabajado para esto durante 20 años en mi teatro. Quiero que mi hija no se escape del país, como todos sus compañeros. Quiero que ganemos. No tenemos vuelta atrás. Si nos retiramos, enfrentaremos una represión mucho peor. Quiero nuestra victoria. ¡Quiero la victoria de nuestra revolución de mujeres!

Suya,

Oksana Haiko

Aksana Haiko, Belarus protests, 2020 Aksana Haiko, Belarus protests, 2020