¿POR QUÉ "MAGDALENA"?

Jill Greenhalgh explica cómo, el Proyecto Magdalena, obtuvo su nombre.

Cada vez que me preguntan el por qué del nombre “Proyecto Magdalena”, digo: "¡Oh, porque tenía una fecha límite y fue lo único en lo que pude pensar. Tenía una obsesión con la figura de la Magdalena y pensé ok, eso tendrá que ser”. Eso es verdad, pero es sólo una parte de la verdad. La profundidad a la cual elude su historia aún bombea a través de las venas de la cultura occidental; y el imperativo de que su historia se reviva en sus propias palabras, es la otra cara de la verdad, de esa elección.  

Quizás esté promulgando una distorsión de la historia, para encajarla en mi conciencia contemporánea, pero cuanto más cavaba, más evolucionaba mi investigación, yendo más allá de su significación simplificada de figura femenina sexualmente liberada, que fue lo que me atrajo principalmente a esta figura cuando yo estaba en mis veintes y  un poco salvaje. Ella empezó a emerger como representante de las complejidades de mis preocupaciones políticas y feministas. Se convirtió en un símbolo de la feminidad silenciada y de la naturaleza esencial de la condición de mujer - la historia silenciada, el otro lado de la historia. El lado femenino de la historia que, permaneciendo no dicho y sin asimilar, permitió el surgimiento de estructuras sociales desequilibradas y represivas.  

El silenciamiento de lo que decidí que era la auténtica historia de Magdalena se convirtió en un símbolo de la mentira perpetua. El entierro de las palabras y la experiencia de esa mujer es la mentira, la estratagema política y religiosa, que pronto se convirtió en la piedra angular de la misoginia patriarcal que perpetró 2000 años de la historia de occidente.  Y tal vez, la distorsión más viril es el debilitamiento del papel de la Magdalena como la primera, la elegida, testigo de la resurrección, posiblemente el más potente de los símbolos cristianos. Simplemente, la estructura social judía de ese momento, no podía permitir que una mujer diese su testimonio siendo la única testigo de un evento de esa magnitud, sin importar si el acontecimiento era verdadero o metafórico.

 Adaptado del artículo "Mujeres en Red" de Jill Greenhalgh, en The Open Page: Theatre, Women, Character (2003); read the full article herelea el artículo completo aquí.